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Un festival de las/os oprimidas/os. Esta es la frase que me ocurrió cuando caminaba con más de un millón de personas el 25 de marzo. En ese día las/los inmigrantes mexicanas/os y latina/os, sus familias y sus apoyadoras/es tomaron las calles del centro de Los Ángeles, la ciudad norteamericana más grande en el país después de Nueva York cuyo nombre proclama sus raíces mexicanas. Mientras que yo caminaba por la calle Hill con mis hijos, Ramón y Maceo, se me hizo claro que estábamos experimentando la historia en vivo. Cinco calles de la cuidad estaban saturadas de un lado al otro, y hasta donde alcanzaban los ojos había gente con señales y banderas. Pareció que la música brotaba de cada contingente, y grupos asombrosos de Danzantes Aztecas llevaban el sagrado fuego y giraban en las sagradas danzas a lo largo de los ocho kilómetros de la marcha. Un señor ciego marchaba con nosotros, además de personas deshabilitadas en sillas de ruedas, ancianas/os y jóvenes, hombres y mujeres, todas/os marchando y gritando juntas/os en un festival de la libertad.
Por un breve y glorioso momento las calles eran de nosotras/os -- no eran de los inversionistas cobardes y euro-americanos podridos de dinero que buscan pretextos para quitar las/os pobres y la gente que no tienen viviendas de cualquier espacio al alcance de sus bolsillas. Tampoco eran de los políticos sin vergüenzas que dicen que ceder las licencias de manejo a las/os inmigrantes amenaza a nuestra seguridad nacional, ni siquiera era de los pendejos de la radiodifusora que echan sus cochinadas sin descanso sobre la necesidad de controlar "nuestra" frontera y proteger "nuestra" cultura. En ese día, por todo el día -- las calles eran de las/os trabajadoras/es domésticas/os, de las/os que trabajan en las fábricas de confección, los "busboys" y lavaplatos, conserjes, jornaleros, y campesinas/os -- gente morena y de habla hispana.
Un festival de las/os oprimidas/os. Esta es la frase que me ocurrió cuando caminaba con más de un millón de personas el 25 de marzo. En ese día las/los inmigrantes mexicanas/os y latina/os, sus familias y sus apoyadoras/es tomaron las calles del centro de Los Ángeles, la ciudad norteamericana más grande en el país después de Nueva York cuyo nombre proclama sus raíces mexicanas. Mientras que yo caminaba por la calle Hill con mis hijos, Ramón y Maceo, se me hizo claro que estábamos experimentando la historia en vivo. Cinco calles de la cuidad estaban saturadas de un lado al otro, y hasta donde alcanzaban los ojos había gente con señales y banderas. Pareció que la música brotaba de cada contingente, y grupos asombrosos de Danzantes Aztecas llevaban el sagrado fuego y giraban en las sagradas danzas a lo largo de los ocho kilómetros de la marcha. Un señor ciego marchaba con nosotros, además de personas deshabilitadas en sillas de ruedas, ancianas/os y jóvenes, hombres y mujeres, todas/os marchando y gritando juntas/os en un festival de la libertad.
Por un breve y glorioso momento las calles eran de nosotras/os -- no eran de los inversionistas cobardes y euro-americanos podridos de dinero que buscan pretextos para quitar las/os pobres y la gente que no tienen viviendas de cualquier espacio al alcance de sus bolsillas. Tampoco eran de los políticos sin vergüenzas que dicen que ceder las licencias de manejo a las/os inmigrantes amenaza a nuestra seguridad nacional, ni siquiera era de los pendejos de la radiodifusora que echan sus cochinadas sin descanso sobre la necesidad de controlar "nuestra" frontera y proteger "nuestra" cultura. En ese día, por todo el día -- las calles eran de las/os trabajadoras/es domésticas/os, de las/os que trabajan en las fábricas de confección, los "busboys" y lavaplatos, conserjes, jornaleros, y campesinas/os -- gente morena y de habla hispana.
Lo que el mundo vio el 25 de marzo (y antes en una enorme marcha en Chicago) y en un sin-fin de paros y marchas desde entonces ha sido un pueblo en rebelión contra décadas de racismo, la super-explotación, y la constante amenaza de la Migra y las deportaciones. Este levantamiento es importante porque representa el movimiento más grande de la clase trabajadora (arriba de 2 millones) contra la Derecha desde que Bush robó la elección. Lo bonito es que este movimiento tiene en el blanco los sectores más racistas, machistas, y pro-imperialistas de la Derecha Republicana -- políticos neo-fascistas como Sensenbrenner, Tancredo, y Frist. Mientras que las demandas de este movimiento son para la legalización de las/los inmigrantes, su aspiración es para la libertad.
Este movimiento es compuesto sobre todo de gente de la clase trabajadora propulsada a tomar la acción contra la legislación más represiva en la historia, la propuesta HR4437. Esta ley hiciera como delito grave la presencia de las personas inmigrantes que no tienen papeles, e hiciera criminales casi 12 millones de personas. Este proyecto de ley también niega el derecho de tener sesión con un juez antes de ser deportada/o. Además sería un crimen a ayudar una persona a quedarse en los EEUU si la persona sabe que la/el inmigrante falta documentos. El proyecto de ley militarizaría la frontera estadounidense/mexicana con un muro de mil kilómetros semejante a lo que esta haciendo Israel en Palestina para controlar los territorios ocupados. En verdad, ninguno de los proyectos de ley en el Senado sirve. Todos respaldan la militarización de la frontera y abarcan un programa de trabajadores/as huéspedes que las/los amarraría permanentemente al patrón. Las llamadas provisiones de legalización excluirían un mínimo de 3 millones de personas la participación y extremadamente duro para las/os demás a ganar la legalización.
El 25 de marzo también fue el producto del apoyo del Arzobispo Mahoney de Los Ángeles y personajes de la radiodifusora latina como el Piolín y el Cucuy, tanto el afroamericano de radio hip-hop, Big Boy. Todas/os usaban su fama para promover el 25 de marzo a la gente. La palabra corrió como lumbre de persona a persona en las cantinas y los cafés, en los sitios de trabajo, en las peluquerías y los salones de belleza, en las esquinas de las calles y en las Misas. En todas partes donde viven, trabajan y juegan las/os mexicanas/os y latinas/os la palabra penetró: ¡Que te presentes en La Gran Marcha el 25 de marzo! Como preludio guerrillero al evento, miles de estudiantes de las escuelas secundarias de Los Ángeles salieron de las clases el día anterior, llenando las calles del Sureste de la ciudad donde los vatos low riders, las madres con carriolas, y los troqueros mexicanos que proveía la música con sus cláxones potentes se unían con la marcha en las calles de Bell, Southgate, y Huntington Park, ciudades que eran de casi pura gente blanca hace unas décadas. Las banderas mexicanas fueron alzadas como símbolos de la resistencia orgullosa contra el racismo que inspiraba la histeria anti-inmigrante. Además, había personas que llevaban banderas americanas para desafiar al gobierno a cumplir con su palabra sobre la democracia y la igualdad social.
El movimiento para los derechos de las/os inmigrantes es una combinación viva de la lucha de la clase trabajadora que ha unido con las aspiraciones democráticas para la liberación. Una de las señales más asombrosas que se veía alzada por cientos de personas en el 25 de marzo exigía la residencia inmediata e incondicional para todas/os inmigrantes, mientras recordando audazmente a todas/os que "este es nuestra patria" refiriendo a California y los demás territorios robados en 1848 por los EEUU. Este movimiento refleja, como núcleo vivo y creativo, la "alianza estratégica" a que la Izquierda habla mucho pero hace poco para crear. Es un movimiento de gente trabajadora para el derecho básico a vivir libre del miedo terrible de ser detenida/o y deportada/o. Pero en la medida que esto ha inspirado el apoyo de todos sectores de la comunidad mexicana y latina -- gente de clase media, las/los intelectuales, hasta los dueños adinerados de los medios de comunicación de habla hispana -- es un movimiento de un pueblo.
El gran desafío ante toda gente Izquierdista y progresista es de apoyar este movimiento en todas las formas que se pueda. Esto significa en primer lugar apoyar las dos demandas básicas de este movimiento: (1) una ley que provee la legalización genuina para todas/os inmigrantes; (2) ninguna ley que criminaliza ni reprime a ellas/os.
Ahora es el momento para formar las alianzas críticas si no queremos que pase cualquiera versión de HR4437, y a formar un movimiento social que pueda derrotar la Derecha Republicana y poner la administración de Bush en la defensiva. El Primero de Mayo -- llamado el Gran Boicot Americano -- es el próximo desafío. En ese día se llevarán a cabo las marchas de las/os inmigrantes en todo el país, y nos están pidiendo no comprar nada ni hacer nada de comercio en ese día. Están promoviendo que se queden en casa las/os trabajadores/as y las/os estudiantes, o si esto no es posible que participen en las marchas en las tardes.
El Primero de Mayo será un día cuando la clase dominante aprenderá que las/los trabajadoras/es inmigrantes y sus apoyadoras/es pueden parar mucha de la economía y las actividades cotidianas en este país. Las/os activistas sindicalistas deben presionar a sus líderes a apoyar sus miembros que optan por no trabajar. Las/os activistas para la paz deben trabajar con las organizaciones de vecindad, regionales, y nacionales a que esas organizen fuertes movilizaciones de apoyo -- haciendo una conexión verdadera entre la guerra en Irak y la de aquí.
Hay que buscar las formas para que las demas comunidades de inmigrantes—asiaticas del sureste y del sur, islenas/os del pacifico, africanas y caribeñas—que han participado en este potente levantamiento tengan una voz y que sean escuchadas/os y no excluidas/os. Hay que hacer caso particularmente a nuestras hermanas y nuestros hermanos musulmanes y del Oriente que han sido reprimido desde los eventos del 11 de septiembre.
Finalmente, pero de lo más importante, el movimiento de las/los inmigrantes debe ofrecer una mano a la comunidad afroamericana y enfrentar cualquier intento de dividir las luchas de los dos pueblos. Por supuesto, los eventos conectados a Katrina subrayan la importancia de reforzar esta alianza.
Es imposible pronosticar con precisión los resultados de este gran movimiento para los derechos de las/los inmigrantes. Últimamente es posible que sea transigido y forzado a aceptar la mala legislación. O podría parar cualquier clase de mala legislación pero luego ser incapaz de ganar una legislación positiva. Si sigue creciendo y si amenaza el Partido Republicano suficientemente con la posibilidad de perder permanentemente el voto de las/os latinas/os, el movimiento podría ganar algo positivo legislativamente que incluyera un sendero hacía la legalización. Pero pase que pase, nosotras/os de la Izquierda debemos hacer todo posible a apoyar este movimiento, mientras enseñando que la inmigración es simplemente el resultado del saqueo del capitalismo yanqui de los países como México. Si el capital puede cruzar las fronteras libremente, pues también deben tener el mismo derecho para las/los trabajadores/as. Porque en fin de cuentas ningún ser humano es "ilegal."
26 de abril, 2006
Bill Gallegos ha tenido raíces en la lucha chicana/o del Sur de California desde los años 60. Hoy trabaja con comunidades de color sobre asuntos críticos como la lucha para la justicia del medio ambiental. Bill es también miembro del Camino para la Libertad en el distrito de Los Angeles. |