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Saturday, 01 June 1991
Declaración de la Unidad Sobre la Liberación Nacional y la Revolución Socialista

Declaración de la Unidad Sobre la Liberación Nacional y la Revolución Socialista

1) Nosotros defendemos el derecho a la autodeterminación de la nación afroamericana en la Franja Negra del Sur, incluyendo el derecho a la secessión política completa. Esta perspectiva no está basada en una adherencia estricta a las características clásicas marxistas (una comunidad estable constituida históricamente y formada a base de un lenguaje, territorio, vida económica común, e identificación psicológica manifestada dentro de una cultura común) antes usada por el movimiento internacional comunista. Más bien las usamos como una guía general junto con otras características del desarrollo social afroamericano y las aspiraciones de generaciones de los más concientes afroamericanos.

Reconocemos que diferentes naciones pueden desarrollarse en formas distintas, y que no se puede basar la definición de la nación afroamericana en la del desarrollo nacional en Europa. El desarrollo de las naciones en Europa fue un ejemplo del desarrollo nacional, pero está claro que esto no es el único camino. En este sentido, nosotros comprendemos que Azania (Sudáfrica negra) ha atrevesado un desarrollo nacional único. El caso de Palestina, dentro de otros, nos enseña la existencia de una nación que no tiene fronteras distintas fijas. Del mismo modo, la cuestion de la nación quebecois (de Canada), los kurdos y las nacionalidades en Europa Oriental demuestran que las fronteras y los estados son mudables, particularmente si son creaciones del imperialismo.

Mientras que rechazamos las reclamaciones sionistas sobre Palestina y las de los supremacistas blancos para un nación blanca en el Sur de los Estados Unidos, reconocemos el hecho que las secciones más avanzadas del movimiento de liberación negra, desde los 1880 en adelante, han exigido una república negra independiente en el Sur. Las mismas se han basado en la evolución histórica del pueblo en ese territorio, junto con la necesidad subjetiva para una nación independiente para poder garantizar el desarrollo completo del pueblo y protección de las más terribles formas de represión.

Por un lado, nuestra perspectiva política de apoyo a la autodeterminación demuestra cómo la independencia pudiera dar un golpe contra el dominio imperialista y así beneficiar a todas las razas que vivieran en el territorio de la nación afroamericana. Por el otro lado, vemos la autonomía política en áreas fuera del Sur donde constituyen afroamericanos la mayoría como una manifestación de la autodeterminación. La autonomía pudiera permitir el control sobre gobiernos locales, las instituciones educativas y culturales, las fuerzas policiacas y ciertas formas del comercio. La lucha por la autonomía en estas áreas es parte de la lucha por la autodeterminación de la nación entera. La autonomía en la Franja Negra, que requeriría la unidad estatal, pudiera ser una demanda transicional y una etapa en la lucha por la autodeterminación.

Aunque consideramos que el territorio de la nación afroamericana está dentro de la Franja Negra, reconocemos que todo el pueblo de la nación no está concentrada en el mismo. El pueblo de la nación ha sido dispersada y ahora se encuentran en muchas regiones de los EE.UU. Por lo tanto, cuando hablamos del pueblo afroamericano en general, nos refirimos al pueblo de la nación en todas partes, sur y norte.

Las concentraciones grandes de los afroamericanos en las ciudades fuera del territorio nacional, aunque sean parte de la nación, son también una minoría nacional oprimida donde residen. Esta situación dual es, por decir, única en el sentido de que ellos existen dentro del mismo estado como la nación subyugada. En las situaciones clásicas, la minoría nacional vive dentro de una nación/estado que no es inclusive de su territorio nacional.

Las luchas del pueblo afroamericano en las ciudades y las regiones fuera del Sur tienen un carácter nacional e impactan críticamente en la lucha de liberación en general. Pero no se puede considerar que estas luchas sean ni más ni menos importante que las que están dentro del territorio nacional. En ciertos períodos, y con respecto a ciertas luchas, puede que los movimientos en el norte representen la vanguardia del movimiento para la liberación nacional. Estas luchas pueden dar un respaldo firme al movimiento en la Franja Negra. Sin embargo, el movimiento nacional no debe seguir dejando de dar prioridad y apoyo a las luchas en el territorio nacional.

Aunque apoyamos a los esfuerzos basados en cualquiera de lo anteriormente mencionado, nuestro enfoque principal con las nacionalidades oprimidas y los trabajadores, y nuestra demanda principal al estado, tiene que ser el derecho a la autodeterminación. Este derecho también tiene que incluir un plebiscito para que el pueblo afroamericano pueda decidir el rumbo, considerando que el pueblo afroamericano jamás tuvo el derecho de decidir su relación con los EE.UU. después de la abolición de la esclavitud.

Si acaso decide el movimiento afroamericano –ahora librado de la presión imperialista– rechazar la separación o la autonomía en la Franja Negra, la batalla en contra de la supremacía blanca y el racismo no habrá perdido nada. La supremacía blanca y el racismo son más fuertes en el Sur, y la voluntad para dejar sus privilegios y a atacar al racismo es idéntico a lo requerido de los blancos para poder tomar su lugar en la lucha por la autodeterminación de la nación afroamericana. Esta condición es un requisito para que se realice una verdadera unidad multi-racial.

Nos unimos con las luchas políticas y culturales por los derechos democráticos, la igualdad y la liberación para todas las nacionalidades oprimidas en los EE.UU. Como consecuencia del desarrollo histórico después de la anexión por los Estados Unidos del norte de Mexico, ha surgido la nación chicana/mexicana de Aztlán. Desde entonces, ha habido una lucha continua por la tierra y libertad. Nosotros apoyamos el derecho a la autodeterminación incluyendo el derecho a la secesión política de esa nación.

Los chicanos fueron forjados como una nación oprimida por la anexión de los EE.UU. y por su lucha en contra de la opresión, pero ellos han sido por miles de años un pueblo con raíces indígenas en el Suroeste. Todas las clases sociales de la nación chicana están ligadas de alguna forma con la lucha contra la opresión nacional y por la igualdad y el poder político. En su totalidad, estas luchas representan la lucha de una nación por la democracia, es decir por la tierra y el poder político. Este es el objetivo estratégico en la lucha chicana. Actualmente, la lucha por la autodeterminación debe enfocarse en tres demandas: el derecho de preservar el idioma y la cultura de los chicanos, el derecho por el auto-gobierno local, y el derecho a la educación bajo control chicano. La autodeterminación también quiere decir el derecho de los chicanos para formar sus propias organizaciones, para desarrollar sus propias estrategias, y para escoger sus propios métodos de lucha. La lucha por la liberación chicana es importante de por sí, y nuestro apoyo no se condiciona en que esté o no a favor del socialismo. Sin embargo, nuestra opinión es que el socialismo, o sea la democracia amplia y alguna dirección pública de la economía, es la mejor garantía para la liberación completa de la nación chicana.

Con respecto a la lucha de los americanos indígenas de Norte América, apoyamos sus demandas por la soberanía nacional, incluyendo por la tierra y el propio desarrollo nacional. En sus luchas por la continuación de su existencia como pueblos, también afirmamos nuestro apoyo para sus esfuerzos para promover sus culturas nativas, incluyendo su historia e idiomas. Además apoyamos los esfuerzos para los derechos iguales dentro del contexto más amplio de los Estados Unidos, incluyendo las demandas por el acceso democrático a los empleos, las viviendas, la educación y el desarrollo económico. Se tiene que aclarar también el record educativo de todos los Estados Unidos para poder reconocer las contribuciones de los pueblos indígenas y de las prácticas de genocidio perpetradas en contra de ellos a través de la opresión nacional blanco-supremacista.

Debido a varias razones históricas, la lucha indígena-americana por la tierra y la soberanía ha compartido mucho con las luchas de los pueblos afroamericano y chicano por la autodeterminación nacional. Estas luchas no sólo han cruzado en el caso de las guerras seminoles en Flórida durante los 1800, esas luchas se han juntado muy a menudo. Por lo tanto, nosotros apoyamos la resolución no-antagonística de los reclamos por la tierra y otros asuntos cuando éstos afectan y/o si hay convergencia entre las luchas del pueblo indígena-americano y las luchas de los pueblos afroamericano y chicano. Estos asuntos y demandas se pueden ser resueltos a través del respeto mutuo.

Con respecto a los pueblos asiáticos y de las islas del Pacífico, nosotros empezamos con nuestro apoyo a la lucha del pueblo hawaiiano por la autodeterminación completa. Sus islas fueron anexadas a través de una combinación de agresión y mentiras por los intereses euroamericanos. El pueblo de Hawaii tiene el pleno derecho de reclamar sus reindivicaciones.

Las minorías nacionales asiáticas/pacíficas también están en lucha por la igualdad total en los EE.UU. En muchos casos fueron importados para trabajar en las minas, en la construcción de los ferrocarriles, en las fábricas de conservas (las "canerías") y en el campo como si estuvieran en un estado de semi-esclavitud. Sus derechos a sus culturas han sido negado, hasta la negación de sus historias, idiomas y el poder político.

Además, como las otras nacionalidades oprimidas que no hablan inglés han sido sujetos al hostigamiento constante por la migra y por otras prácticas racistas que no han sufridos los inmigrantes de Europa. Apoyamos sus demandas por la educación bilingüe, trabajo, desarrollo económico y vivienda (incluyendo los programas de acción afirmativa), el poder político y la autonomía en las áreas de concentración, justas políticas de migración y la promoción de sus variadas herencias culturales.

Además apoyamos la demanda por la independencia para Puerto Rico. Puerto Rico –una colonia creada por el imperialismo yanqui– fue ignorado por la mayoría de la comunidad internacional cuando el proceso de descolonización arrastraba todo el mundo. La colonización de Puerto Rico ha resultado en la transformación de una isla fértil y auto-suficiente en una que ahora tiene que importar productos agrícolas. La isla se ha hecho una base militar, reserva industrial y atracción turística para el imperialismo yanqui, así que los intereses nacionales del pueblo puertorriqueño han sido totalmente ignorados. Por lo tanto, apoyamos la demanda histórica de una sección significativa del pueblo puertorriqueño por la independencia nacional total y el retiro de todas las bases militares estadounidenses de la isla.

Además, apoyamos las luchas por la igualdad para la minoría nacional puertorriqueña en los Estados Unidos. Sea lo que sea la resolución de la lucha en la isla por la independencia nacional, tenemos que apoyar a la minoría nacional puertorriqueña que reside en los Estados Unidos en sus demandas democráticas, tales como la educación bilingüe, el derecho y la habilidad para promover la cultura puertorriqueña, el acceso democrático a los empleos, viviendas y el desarrollo económico (incluyendo los programas de acción afirmativa), y el derecho para el poder político y la autonomía en las áreas de su mayor concentración.

La opresión de los afroamericanos, chicanos, puertorriqueños, los pueblos indígenas, asiáticos y otras nacionalidades minoritarias promueve los movimientos independentistas y de composición multi-clase que –por su interés estratégico en la eliminación completa de la opresión nacional blanco-supremacista– tienen un carácter revolucionario. Las distintas situaciones históricas de las nacionalidades oprimidas lógicamente promueven movimientos muy diferentes, y hay muchas contradicciones de clase –y aún contradicciones nacionales– dentro de y entre ellas (contradicciones explotadas intensamente por la burguesía blanca dominante). En general, nosotros participamos en la formación de cada movimiento como un frente unido amplio que abarca todos los sectores y clases progresistas dentro de cada nacionalidad, y promovemos lo más posible la participación activa y el liderazgo de la clase trabajadora.

Con respecto al movimiento afroamericano, también apoyamos, cuando existen las condiciones necesarias, la formación de un frente revolucionario nacional. Tal frente sería un frente unido del movimiento revolucionario nacional que una las organizaciones de masas, y además las organizaciones revolucionarias, que puedan unirse con un programa para su liberación. Aunque este frente tendrá una orientación sureña, por necesidad tendrá que abarcar a todas las fuerzas nacionales revolucionarias del movimiento afroamericano en todas las regiones geográficas.

Queremos impulsar una tendencia revolucionaria socialista basada en la clase trabajadora dentro de cada movimiento nacional. También trabajamos por la unidad dentro de los movimientos nacionales, y para la unidad anti-racista con el movimiento multinacional obrero y con todos los movimientos sociales progresistas.

El movimiento afroamericano en particular ha desempeñado un papel principal durante toda la historia estadounidense, adelantando las demandas de los demás movimientos sociales progresistas, representándolas a través del idioma de los derechos negros. Aunque tenemos miembros y contactos trabajando en cada uno de estos movimientos (afroamericano, chicano/mexicano, y asiáticoamericano), como organización tenemos que respetar y aprender de las organizaciones populares involucradas en estas luchas. Nuestra participación continua y la evaluación de los hechos y las tendencias ampliarán nuestras perspectivas y programa político en relación a estas cuestiones críticas de la revolución.

2) Apoyamos y promovemos la organización independiente de los revolucionarios y los progresistas de las nacionalidades oprimidas, donde ellos hayan determinado que sea necesario. A la vez, creemos que una dirección revolucionaria para los EE.UU. tiene que ser multi-nacional. Nosotros estamos comprometidos en la formación de una organización multinacional socialista con dirección viable de las nacionalidades oprimidas y una estructura interna que asegure la igualdad del funcionamiento interno. No existe justificación para la existencia de organizaciones revolucionarias de euroamericanos que, desde su inicio, no intentan ser multinacional.

Apoyamos la formación de un partido comunista afroamericano basado en el Sur de los Estados Unidos. El partido debe estar basado en el territorio nacional y no sobre raza, aunque la composición del partido sería mayoritariamente afroamericano. Y como un partido que lucha por la liberación nacional y el socialismo para la nación afroamericana, incluirá también los euroamericanos que viven dentro del territorio, pero dicha organización tendrá una orientación que refleje la experiencia de la clase trabajadora afroamericana.

Bajo las condiciones de un Estados Unidos socialista en que se ha logrado la autodeterminación de los afroamericanos y que ha resultado en la creación de una república negra independiente, un partido comunista afroamericano tendrá que ser independiente para garantizar la integridad del partido tanto como la soberanía del movimiento nacional. Este hecho ha sido mostrado por los fracasos y problemas en la Union Soviética de los varios partidos comunistas de las diferentes repúblicas.

Sería esencial construir un partido comunista afroamericano en el caso que haya un movimiento pro-independencia del pueblo afroamericano. Sería igual de incorrecto intentar imponer un partido marxista multi-nacional y revolucionario como organismo dirigente de tal lucha como intentar dirigir la lucha puertorriqueña independentista por un partido comunista estadounidense. Aunque sería muy importante cultivar una colaboración estrecha, la elaboración independiente de una línea estratégica y táctica sería esencial.

En el caso de que no haya un movimiento independentista por parte del pueblo afroamericano, puede ser que un partido comunista afroamericano surja en el Sur de todas maneras. Nosotros apoyaremos la existencia de tal partido, participaremos en su formación e intentaremos promover una relación de cooperación entre él y cualquiera otra organización multi-nacional o partido que exista en los Estados Unidos. Al mismo tiempo, esto no cambiará, aunque por supuesto modificará, las tareas de un partido revolucionario multi-nacional.

3) El obstáculo interno principal de los movimientos multinacionales progresistas y revolucionarios viene del chauvinismo blanco, y no del nacionalismo de las nacionales oprimidas.

A raíz de profundas e intensas presiones psicológicas de las instituciones de la supremacía racista, el pueblo afroamericano –en los 1960 y otra vez en los 1990– está desarrollando un movimiento de concientización negra que es esencial para la auto-identidad y auto-estima. Este nuevo movimiento de conciencia negra –que se manifiesta en el interés en Malcolm X, la ropa afrocéntrica y currículum educativo etc.– sobre todo es positivo y es una de las fuerzas más importantes del nacionalismo revolucionario negro de hoy.

4) El estado yanqui fue fundado en el colonialismo, y su perspectiva psicológica y economía capitalista siempre ha estado en contra de los no-blancos y basado en el comercio de los esclavos, las guerras de genocidio contra los indígenas, la anexión de tierras mexicanas, y la importación de trabajadores de la China. La opresión nacional va al corazon de las tradiciones económicas, políticas e ideológicas de los Estados Unidos, y la opresión del pueblo afroamericano ha sido particularmente central en la lucha de clases en los Estados Unidos.

En este país, la opresión nacional toma una forma específica: más que la simple dominación de varias naciones y nacionalidades por una nación opresora, en los Estados Unidos vemos la subyugación de todas personas de color por la nación mayoritaria blanca (o euroamericana), encabezada por la burguesía imperialista blanca. La opresión nacional en los Estados Unidos es una opresión nacional blanco-supremacista. Y los privilegios extendidos por la clase dominante de una nación opresora a todas las clases de esa nación también toma una forma específica: en los Estados Unidos los privilegios nacionales son privilegios blancos.

5) La opresión nacional blanco-supremacista tiene dos aspectos; uno es la subyugación y explotación de las varias minorías nacionales en los Estados Unidos. Desde los latifundistas del Sur hasta los "barones ladrones", desde Wall Street hasta el Valle Imperial de California, en la agricultura, la industria, y las minas, en el sistema de transportación, las comunicaciones y los servicios públicos, la clase dominante de los Estados Unidos ha sacado ganancias enormes por medio del trabajo de las nacionalidades oprimidas. La forzada reducción de la calidad de vida, la deprivación de todos los servicios públicos, la extorsión de rentas altas para viviendas inadecuadas etc., todo esto contribuye directamente a los beneficios económicos de la opresión nacional para el capitalismo yanqui.

El otro lado de la opresión nacional en los Estados Unidos es el sistema –desarrollado históricamente– de control social sobre toda la clase trabajadora y otros sectores oprimidos (como las mujeres). El sistema político-burgués de preferencias para los trabajadores euroamericanos (y generalmente para todos los "blancos") está dirigida no sólo en contra de las nacionalidades oprimidas, sino en contra de todos los trabajadores y las fuerzas del pueblo entero. O sea, la producción capitalista saca ganancias, y la institución de la supremacía blanca ayuda a asegurar la continuación de tales ganancias.

El arreglo (conciente o no) por parte de los trabajadores blancos con las instituciones de la opresión nacional blanco-supremacista no es simplemente "una de las varias fallas del movimiento obrero". Esto constituye la falla principal política e ideológica del movimiento obrero en este país. La fuerza de la ideología del chauvinismo blanco, sus raíces profundas dentro de los filas de los obreros, indica que su influencia no viene sólo a raíz de la atracción inherente de cualquier sistema de ideas. Lo más significante para el pueblo euroamericano de la supremacía blanca es que se base en un sistema de privilegios de piel blanca, un sistema de preferencias para el pueblo euroamericano en los empleos, en el dominio y el uso de las tierras, en las viviendas, la migración, y la sociedad en general.

Este sistema siembra y cultiva las ideas de la superioridad europea (euro-centrismo en analizar toda fenómeno histórico y social) y otras ideologías racistas, y forma la base concreta para el pensamiento blanco-supremacista y para las acciones llevadas a cabo por ciertos sectores atrazados de las masas blancas en defender a la opresión nacional. Es este prejuicio real el que establece la base para la receptividad de los obreros blancos a la amplia difusión de ideología racista a través de los medios de comunicación, las escuelas, las instituciones religiosas y otras estructuras ideológicas. Por su parte, esta ideología refuerza el sistema de opresión y privilegio.
Al imponer ciertas ventajas relativas a los trabajadores blancos, la burguesía los amarra a la política capitalista y fomenta una división entre el sector blanco y las nacionalidades oprimidas de la clase trabajadora. Históricamente, esta forma "popular" de dominio burgués ha sido exitoso; los efectos políticos del diferencial racista representa el obstáculo mayor para el desarrollo de un movimiento de la clase trabajadora hacia el socialismo. Por esto, apoyamos la abolición de los privilegios blanco-nacionales en cada esfera de la sociedad estadounidense.

6) La política burguesa de discriminación a favor de los blancos no cambia en ningún sentido el hecho fundamental de explotación sufrida por los trabajadores blancos. También los intereses de las masas de trabajadores no coincidan con la supremacía blanca. Muchos, especialmente en las generaciones anteriores, han sufrido la discriminación directa por el hecho de ser inmigrantes empobrecidos.
Ellos están explotados por el capital, hostigados y brutalizados por la policía, y son educados a través de mentiras en las escuelas capitalistas. Su nivel de salud es sólo suficiente para que puedan seguir contribuyendo a la reproducción más amplia del capital. Además ellos están debilitados en sus luchas cotidianas en contra de estas condiciones por el arreglo –concientemente o no– con un sistema de preferencias dirigido a los blancos. A la medida de que ellos se acomodan con este sistema, así obstaculizan la causa común con los trabajadores de las nacionalidades oprimidas, y de hacer cambios reales en sus propias vidas y en el mundo.

7) Desafortunadamente, desde las primeras "etiquetas de unión" de los fabricantes de tabaco en San Francisco a las demandas de acción anti-afirmativa y declaraciones de la "discriminación en reversa" hoy en día, la historia del movimiento obrero en los Estados Unidos está llena de ejemplos de sectores blancos que defienden descaradamente la diferencial racista. Y más aún existe por parte de las masas de los trabajadores blancos la aceptación pasiva del sistema de preferencias.

El dominio del pensamiento blanco-supremacista en el Sur y en el movimiento obrero de esta región ha sido responsable por la falta de crecimiento del movimiento, aun en períodos cuando la cantidad de trabajadores que pertenecen a los sindicatos ha sido grande en otras partes del país. En un período de grandes bajas en el movimiento entero, el Sur queda como la region menos organizada. Esta condición ha impactado dramáticamente en las condiciones de toda la clase trabajadora, y en los trabajadores afroamericanos en particular. La sobrevivencia del movimiento obrero estadounidense depende en gran parte en la posibilidad de enfrentar la supremacía blanca y organizar el Sur y a la vez de luchar por el poder político de los afroamericanos.

Entre los países capitalistas avanzados, los EE.UU. está en el primer lugar en tener el movimiento obrero más débil y el más marginado grupo de revolucionarios. Los sindicatos no han podido desvincularse de los partidos políticos capitalistas y han quedado dominados por una firme aristocracia obrera cuya fuente de fuerza viene históricamente de su defensa de las ventajas relativas para los obreros blancos. Por lo tanto, nosotros apoyamos la creación de un partido de trabajadores que se enfoque particularmente a la lucha contra el racismo, la supremacía blanca y la opresión nacional, o de un partido popular o de masas que abarque los intereses de los trabajadores.

8) Debido a que la mayoría de los trabajadores blancos (contrario a la aristocracia obrera) no tiene ningún interés de clase objetivo en la opresión nacional blanco-supremacista, y porque los privilegios impuestos en ellos por los capitalistas los derrotan no sólo en su lucha de largo plazo para el socialismo, sino también en sus batallas cotidianas por las reformas económicas y políticas, está claro que ellos pueden ser convencidos a reconocer, enfrentar y atacar este pilar del dominio capitalista.

Como todo en nuestro proyecto socialista, ganar la solidaridad de los obreros blancos con sus hermanas y hermanos de color será sumamente difícil, y esto implica paciencia, valor, imaginación, amplia experimentación táctica, y respecto para las perspectivas, las tradiciones y la posibilidad revolucionaria de la clase trabajadora entera. Esto no quiere decir, por supuesto, que no tenemos que ser firmes en contra del chauvinismo y la supremacía blanca cuando los encontramos en el movimiento obrero.

Los revolucionarios blancos en particular no pueden esperar que la historia, la crisis económica, una "ola fascista", o las luchas ejemplares de los afroamericanos hagan este trabajo esmerado para ellos. Ellos tienen una responsabilidad mayor para organizar los trabajadores blancos en contra de todas las formas de opresión nacional y para combatir la ideología racista entre ellos.

Este trabajo será imposible sin analizar las distinciones entre los trabajadores blancos. El siguiente no es un análisis completo, pero puede ayudarnos a reconocer que hay tres sectores entre los trabajadores blancos con respecto a la opresión nacional.

El primero —que en términos absolutos incluye muchos, pero relativemente es pequeño— contiene los trabajadores que adhieren y practican la idea que "el daño a uno es un daño a todos", y además reconocen la existencia de un patrón de tratamiento injusto en el pasado y el presente hacia los pueblos de nacionalidades oprimidas. Estos trabajadores frecuentemente tienen experiencias en una fuerza laboral integrada, o vienen de comunidades integradas.

El segundo grupo está compuesta por la mayoría de trabajadores blancos. Aunque sea un grupo muy mixto, con respecto a este tema agrupa a gente que generalmente acepta (concientemente o no) el sistema de preferencias para los obreros blancos. Muchos de ellos creen que "hay buenos y malos entre todo grupo", y este sentido de igualdad se puede ampliar. Muchos también comparten las ideas básicas de solidaridad de clase y esto puede llevarlos lejos en ciertas situaciones de lucha. Pero a esta conciencia de clase le falta algo fundamental, porque la mayoría de los trabajadores blancos generalmente creen que la discriminación racista es algo del pasado, y pueden ser indiferentes, hasta hostiles, a las luchas de las nacionalidades oprimidas. Este grupo puede ser convencido y dirigido a actuar a favor de los trabajadores más progresistas de todas las nacionalidades, pero hoy en día –como la sociedad blanca en general– son más receptivos a las ideas (si no las meras acciones) de la derecha.

El tercer grupo entre los trabajadores blancos, como el primero, es relativamente pequeño –pero desafortunadamente no es suficientemente pequeño. Caracterizada por su defensa activa de privilegios para los blancos, este grupo es, por supuesto, mucho más grande en el Sur y el Suroeste. Es, sin embargo, mucho más amplio que los elementos más extremistas como el Ku Klux Klan o los simpatizantes de los Nazis, e incluye muchos que suelen aprovechar los medios legales y el aparato tradicional de los sindicatos para avanzar sus intereses racistas. Este grupo es significativo en el norte, así como se ve por sus luchas en contra de "busing" y la acción afirmativa.

Estas distinciones van más allá de las ideas comunes de la izquierda que describen los trabajadores blancos como permanentamente racistas o, al contrario, que su racismo es un problema de menor consecuencia comparado a su papel objetivo como explotados creadores de valor para los dueños del capital.

9) Desde la perspectiva estratégica, las nacionalidades oprimidas son más que sólo aliados de la clase trabajadora multi-nacional: sus luchas tienen que converger. La relación de estas luchas va más allá de una alianza en contra de un enemigo común en que cada sector enfoque su ataque según sus propios intereses políticos y prioridades, y en que cada miembro en la alianza apoye las "demandas especiales" del otro. En lugar de esto, la dirección del golpe mayor de la lucha del movimiento obrero por el socialismo tiene que ser igual que lo de los movimientos nacionales autónomos: o sea, en contra del dominio burgués blanco-supremacista. Las plataformas políticas de los movimientos nacionales pueden variar mucho, desde la consolidación de los derechos democráticos, hasta la independencia nacional. Puede que no coincidan necesariamente con el programa de los trabajadores por la revolución socialista y el dominio de la clase trabajadora. Pero sus demandas, muy lejos de ser "demandas especiales" separadas, tienen que ser las demandas del proletariado entero y tienen que ser ubicados en el centro de su propia estrategia de clase.

Aunque entendemos que la unificación de las luchas implica que la lucha por el socialismo tiene que adoptar las demandas de los movimientos nacionales, también entendemos que el desarrollo de los dos movimientos no será paralelo ni mantendrá el mismo nivel de intensidad. El movimiento afroamericano, por razones históricas obvias, está mucho más adelentado que el de los trabajadores, pero no se debe considerar frenar su movimiento para que el movimiento obrero llegue a la misma posición a fin de que los dos confronten al imperialismo y el estado al mismo tiempo. Esto sería ideal, pero puede que esto no pase, y cualquier esfuerzo para asegurar eso artificialmente tiene que ser rechazado como un intento chauvinista.

10) La expansión imperialista siempre ha estado estrechamente ligada con la supremacía blanca, y su surgimiento al principio del siglo veinte continuó las tradiciones coloniales de la esclavitud, las guerras de genocidio en contra de las indígenas, las anexiones y el dominio en el hemisferio. Las agresiones en contra de Granada, Panamá, Nicaragua e Iraq son ejemplos claros y recientes de esta tradición, y tal agresión tiene que ser impedida por los pueblos progresistas del mundo que aman la libertad. El derecho de los Estados Unidos a mantener su dominio sobre los pueblos de color en todo el mundo es popularmente considerado como una extensión del derecho del pueblo blanco a subyugar a los pueblos de color dentro de los Estados Unidos. Las aspiraciones democráticas de la mayoría de los pueblos del mundo son opuestas diamétricamente a la dominación por la auto-llamada raza blanca.

Junio de 1991

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