Israel: The Logic of a Settler StateIsrael: La Lógica de un Estado Colonial

Palestinian loss of land: 1946-2010The recent round of Israeli attacks on Gaza, in which more than one hundred and fifty Palestinians were killed and more than a thousand wounded, have brought the issue of Palestine to the world’s attention again. This article, published on the website Notes & Commentaries, provides a useful analysis of Israel as a settler state and calls into question the idea of a two state solution taken for granted in mainstream American politics.

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Dejemos de lanzar acusaciones contra los asesinos. ¿Quiénes somos que debemos discutir en contra de su odio? Durante ocho años, se sientan en sus campamentos de refugiados en Gaza y, ante su mirada nos convertimos en nuestra casa propia la tierra y los pueblos en los que ellas/os y sus antepasadas/os ​​han vivido. Somos una generación de colonos y sin el casco de acero y el cañón no se puede plantar un árbol y construir una casa. No nos retrocedemos cuando vemos el odio en fermentación y llenando la vida de cientos de miles de árabes sentadas/os a nuestro alrededor. No debemos bajar nuestra mirada, para que no resbale nuestra mano. Este es el destino de nuestra generación, la elección de nuestra vida – para estar preparadas/os y armadas/os, fuertes y duras/os – o de lo contrario, la espada se deslizará de nuestro puño y nuestra vida se apagará.

- Moshe Dayan, 1956 (1)

Esta tierra absorbe la piel de las/los mártires.
Esta tierra promete trigo y las estrellas.
¡Es para adorar!
Somos su sal y su agua.
Somos su herida, pero una herida que lucha.

- Mahmoud Darwish, “Diario de una Herida Palestina” (1969)

Si bien cada conflicto tiene sus particularidades, es imposible comprender la naturaleza y las tendencias del estado de Israel sin una comprensión de la lógica mayor de la que es sólo un ejemplo. Lo que quiero decir con esto es la siguiente: Israel es el más reciente y, por tanto, el ejemplo más contradictorio de la lógica del colonialismo, del estado colono como un fenómeno en la historia del capitalismo. Todos los estados capitalistas tienen ciertos atributos necesarios para la búsqueda y la reproducción de la relación de capital, tales como las limitaciones a la libertad de las/los trabajadoras/es y la movilidad, un complejo militar-industrial, la territorialidad y la aplicación de las relaciones de explotación de la producción, pero los estados colonos son una formación social específica de los que salieron por encima y más allá de la “normalidad” capitalista. El estado colono es, en este sentido, la apariencia exterior más completa y pura de la relación capital-estado. Cuando es exitoso, su ideología natural es la de un liberalismo expansionista, seguro de sí mismo: pero cuando se siente amenazada, su ideología natural es el fascismo.

El estado colonial se distingue de varias maneras de las formas “normales” de la apariencia de la relación capital-estado. En primer lugar, es un estado que, incluso en su forma embriónica e histórica es ya capitalista, y no tiene la herencia de la “suciedad de las edades’ del absolutismo, del feudalismo etc. En segundo lugar, se trata de la transferencia voluntaria de un pueblo de otros lugares a una tierra determinada, si ya está ocupada o no, que de este modo se establece una nueva formación social, tanto por separado y en contra de la ya existente de la tierra colonizada. En tercer lugar, el resultado necesario de la combinación de estos factores es el principio demográfico del estado colonial: su propia existencia depende totalmente de la presencia numérica de la población de colonos en comparación con la población original(es), ya que llegan a ser, por el hecho mismo de la solución en sí, los portadores respectivos de su formación social en los mismos. En otras palabras, la reproducción de la formación social de la sociedad de colonos es, como con todas las sociedades, dependiente de la reproducción de su población, pero este principio es elevado a un nivel más alto en la sociedad de colonos, porque en lugar de la reproducción de la población es la reproducción de las diferentes clases y todo el conjunto del patrimonio histórico de ese pueblo en particular, la reproducción de la población toma una forma competitiva en sí misma. Se mide no en la capacidad de reproducción de la clase obrera por sí misma, sino en la capacidad de reproducir los colonos encima y en contra de los “nativos”, sean quienes sean.

Esto nos lleva al cuarto principio, que es que la lógica del Estado colonial es por lo tanto necesariamente racial y expansionista. Racial, porque la sociedad colonial reproduce su formación social en su conjunto, y por lo tanto subsume sus diferencias de clase en una unidad artificial generado no por el proceso de construcción de la nación dentro de un territorio determinado, como en el caso del proceso burgués tradicional, sino por los procesos de transición demográfica y militar de la competencia con la población “nativa”, una competición luchada en todos los frentes físicos. Esta inherentemente crea la relación racial entre la población de colonos y las/los “nativos”, ya que cada colono, independientemente de su clase, es una garantía de la supervivencia de una formación social en un territorio donde esta se encuentra amenazada en su conjunto, sino que se convierte así en una cuestión no de clase contra clase, sino de gente contra gente, de una lucha por la realidad física la territorialidad en lugar de sobre el proceso de la producción y distribución económica dentro de la formación social. Esto es un retroceso totalmente regresivo a los peores instintos y comportamientos del grupo de la humanidad.

Es también por esta razón que es necesariamente expansionista, no sólo por el número de colonos frecuentemente limitadas/os numéricamente en los primeros tiempos de la colonización, y la sensación de constante peligro de extinción por la población “nativa”, pero sobre todo porque la única garantía posible para la normalización de la formación social, la erradicación de su vergüenza y su sentido de “haber sobrevivido”, se basa en última instancia en la destrucción de las/los “nativos” de la población y su formación social rival. Por otra parte, la lucha contra este pueblo o pueblos se perpetúa la unidad artificial y racializada entre las/los propios colonos, y es por lo tanto es un mecanismo bienvenido para exteriorizar y aplazar los inevitables conflictos internos de clase del proceso de normalización. Por lo tanto, la lógica del Estado colono necesaria e intrínsecamente contiene dentro de sí una tendencia hacia la fragmentación total de las poblaciones ‘nativas’ y la disolución de los vínculos sociales, si no su exterminio físico como tal – en otras palabras, el colonialismo significa siempre la lógica de la “limpieza étnica”.

No es difícil encontrar ejemplos en la historia que subrayan el argumento presentado aquí, y para demostrar la particularidad de esta forma de la relación capital-Estado en el mundo moderno. En el caso de la colonización de América, a menudo se ha observado cómo la negativa de la clase alta británica ‘para permitir la liquidación de seguir su curso expansionista más allá de los Apalaches fue un factor importante en la rebelión de los colonos. En efecto, la revolución misma en los Estados Unidos, que inauguró las grandes conmociones revolucionarias burguesas de la época moderna fue un desastre total para los diferentes pueblos indígenas de lo que hoy es ahora los EE.UU., ya que su existencia física fue constante y repetidamente en contradicción con la lógica de colonialismo americano. Los resultados son bien conocidos, y aún ahora, los condados americanos nativos con grandes “reservaciones” son los más pobres del país y tienen peores estadísticas sociales que muchos países en desarrollo. En Canadá y en Australia la historia fue muy similar, y tal vez en mayor genocida en su integridad Australia, dado el muy bajo nivel de desarrollo tecnológico de los pueblos aborígenes diferentes en comparación con las/los “nativos” en otros países, mientras que en Nueva Zelanda, el alto nivel de organización militar de los maoríes y el menor número de colonos tuvieron un efecto ligeramente reductor en la plena consumación de colonialismo. En todos estos casos, el factor racial fue inmediatamente evidente desde el principio y ha sido desde entonces, y en todos estos casos se ha producido una clara realidad política económica de “race burning class”, como lo expresó J. Sakai.

Por supuesto, las diversas prácticas y los detalles de la lógica del colonialismo varían de un lugar a otro según las circunstancias históricas. En Sudáfrica, siendo perpetuamente una pequeña minoría en comparación con los diversos pueblos indígenas, sobre todo después de la finalización de las migraciones bantúes, las/los colonos obligaron a una política de apartheid – un sistema en el que la fuerza de labor negra debían mantenerse separada y confinada de la población blanca, en caso que las superara o destruyera por “dilución” de la base demográfica de su formación social. No fue posible de manera realista a las poblaciones nativas a ser físicamente destruidas o completamente erradicada por una limpieza étnica de la mayoría del territorio, y esto hizo que el sistema de apartheid se hiciera un resultado lógico – por lo menos desde el punto de vista de las/los colonos. (Hay, por supuesto, las reglas para ‘gente de color’, la población indígena, etc, pero estas no afectan al cuadro más amplio.) Estados Unidos tenía la “institución peculiar” de la esclavitud, e importó un gran número de migrantes involuntarias/os, que creó en efecto un estado colono doble con dos formaciones sociales paralelas racializadas históricamente progresista, una que era progresista e industrial y otra históricamente regresiva y agraria. El conflicto inevitable entre estos se luchó en la guerra civil americana, con resultados conocidos. Pero entonces no debería ser una sorpresa que la lógica colonial de la sociedad se re-estableciera con vigor casi inmediatamente después, y la posibilidad de su destrucción a través de la Reconstrucción radical se perdió rápidamente.

En Israel, la lógica del Estado colonizador se expresa en sus formas más virulentas. En primer lugar, el proyecto sionista del asentamiento y colonización de Palestina es un todo unificado, ya que todas/os colonialistas deben ser para que no caiga bajo sus propias contradicciones. Por lo tanto, no hace ninguna diferencia si se aplica a Hebrón o en Tel Aviv, en este sentido, como en todos los casos las características definitivas del estado colono descrito anteriormente se encuentran en operación y debe estar funcionando. La unidad artificial está presente en la estructura militar-racial de la sociedad israelí, en particular en su conscripción universal, y en el conocimiento de que incluso la existencia de nombres de lugares árabes es una amenaza a la “única democracia en el Medio Oriente”. Su expansionismo es claro y evidente. Desde sus modestos inicios el Estado de Israel tiene hinchada a través de la guerra perpetua y la limpieza étnica más allá de cualquiera de sus reivindicaciones territoriales originales, y no da evidencias de parar. Su sistema de apartheid expresa claramente la racialización y el factor demográfico, y lo mismo ocurre con la constante mención de la “amenaza demográfica”, la negación a permitir cualquier/a palestino/a el derecho al retorno y la charla abierta de las deportaciones y la limpieza étnica, la tendencia secular política en contra de la lucha de clases socio-económica e interna y hacia la externalización en forma de una mayor expansión y engrandecimiento habla en un lenguaje muy claro.

Israel aquí tiene la desgracia de ser el estado colonial más nuevo, por lo que sus víctimas puedan aprender de la historia, aun si su población de colonos no puede. La mera idea de una “solución de dos estados”, con sus propias/os palestinas/os árabes “nativas/os” es risible dado el paralelismo entre la consideración israelí de los tratados palestino y reclamaciones de tierras palestinas y el tratamiento Americana de las mismas relaciones con las diferentes tribus nativas, todos los cuales eventualmente terminó en prisiones al aire libre llamado “reservaciones”. De hecho, Gaza, actualmente siendo bombardeada por aviones, no es nada si no una “reserva” de este tipo. Pero las/los palestinas/os no son los únicos “nativos” sino son víctimas de settlerism (colonialismo): Israel trata a sus poblaciones drusos y beduinos que no más mejor, y a pesar de la voluntad de las/los drusos para servir en sus fuerzas armadas, como que han sido expropiadas sistemáticamente. Vale la pena señalar que la disposición del colonialismo para destruir cualquier formación social que lo opone a su dominio físico-territorial de expansión encuentra su paralelo en su disposición a aceptar cualquier tipo de colono, siempre y cuando estén dispuestas/os a financiar el sistema racial colonial: se puede ver aquí, en la historia de las/los inmigrantes irlandesas/es e italianas/os a los EE.UU., pero incluso en el caso de Israel ha habido muchas/os rusas/os, indias/os, incluso colonos migrantes peruanas/os aceptadas/os en el sistema político israelí como “Judias/os que han regresado” cuya identidad judía era profundamente falsa o inexistente.

No es una coincidencia que a medida que Israel se ha convertido más fuerte y su lógica se ha expresado más ampliamente, se ha convertido cada vez más fascista y menos preocupado incluso con la igualdad formal y la democracia – como se muestra más recientemente por las leyes restrictivas que prohíben incluso la conmemoración de la Naqba (la limpieza étnica original de las/los palestinas/os), la exclusión de grupos antisionistas de la representación parlamentaria, y la unificación entre el Likud y la organización fascista de Avigdor Lieberman. Como ya he argumentado, esta tendencia de la relación capital-estado de alejarse del liberalismo formal y en una mentalidad de asedio fascista es característico de un estado colono frustrado en su proceso de normalización. Para los estados coloniales, este proceso de normalización sólo puede hacerse sobre la base de la destrucción de la formación social de sus rivales, de las/los habitantes originales – los EE.UU. y Australia sólo consideró incluso la reforma del sistema racial después de su seguridad física-demográfica de como un Estado colonial y su destrucción de todas las formaciones sociales rivales era completa. Lo mismo sucede con Israel, y por lo tanto a Israel como un estado no funciona y no puede querer la paz, lo que las/los individuos dentro de ello espera.

Por supuesto, este análisis no es afirmar que esa lógica se desarrolla enteramente por su cuenta, o que no hay ningún organismo por parte del “Otro” al que el estado colonial se opone. En efecto, la lucha por derechos civiles en los Estados Unidos y las campañas para el reconocimiento por parte de las Primeras Naciones de Canadá fueron los ejemplos principales e inspiradores de la organización revolucionaria por parte de los grupos oprimidos, e igualmente no es una coincidencia que estos grupos se hicieron más radicalizado contra toda la estructura de la relación capital estatal racializada de las sociedades de colonos que luchaban contra ellos. La causa Palestina con razón ha tomado la inspiración de estos ejemplos, así como de la resistencia contra la estructura ligeramente diferente en el norte de Irlanda, y ha convertido a su vez en una importante fuerza emancipatoria.

Esta es la razón por la que es una profunda tontería cuando la gente señala a la lucha Palestina y pregunta por qué gana tanta atención y pasión en comparación con las muchas luchas en todo el mundo, ya sea en Papúa Occidental, en Siria, en Brasil o en Sudán. Lo que tal distracción arrogante pierde es la función esencial de la lucha contra la lógica de los colonos. No es una contingencia de la historia que los EE.UU. e Israel están tan estrechamente conectados en alianza que “no hay luz del día entre ellos”. Por el contrario. Estados Unidos es una sociedad de colonos e Israel es la única formación social de tipo similar, en el período descolonizador de la historia moderna, en el centro de la periferia (a falta de un término mejor) y en un campo de gran importancia religiosa. Por lo tanto, mucho más que todos los otros sitios de este tipo de lucha, Israel es un pilar de la política del orden mundial. La lucha contra Israel no es por lo tanto sólo una cuestión de la emancipación de las/los palestinas/os, sino es una lucha en contra de la lógica del colonialismo, y por medio de esto, es una lucha en contra de la manifestación política del actual orden mundial. Esto lo hace un lugar crucial en la perpetuación del imperialismo occidental, así como en la “confinamiento” de las luchas revolucionarias y emancipatorias globales, y esto le da su significado particular.

Es también por esta razón que cualquier intento de una “solución de dos estados” no es sólo insuficiente e imposible, teniendo en cuenta lo que se ha dicho acerca de la lógica de los Estados colonizadores, sino que es activamente reaccionario comparado con la enorme victoria para las fuerzas revolucionarias de un Palestina unificado. Un solo Palestina basado de la laicidad, la democracia y el socialismo se transformaría de un pilar del orden mundial capitalista-imperialista en un pilar emancipador. El requisito previo para esta posibilidad es la derrota de Israel como entidad sionista, la derrota de su lógica inherente de colonialismo (y el sionismo es históricamente sólo un ejemplo de la ideología colonial), y con ello la disolución de su formación social actual en una que no es incontrovertiblemente anti-emancipatoria. No puede haber una “izquierda sionista”, ni “sionismo liberal”, así que tales proposiciones son incompatibles con la lógica práctica de los colonos. El concepto de la muerte de Israel, es para que un Palestina pueda existir para las/los judios y árabes, drusa/os y beduinas/os como iguales.

1) Citado en: Ghada Karmi, Married To Another Man: Israel’s Dilemma in Palestine (Londres 2007), p. 3.

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